Haiki
  • EL DISFRAZ

    Los niños hasta que cumplen su primer año de vida creen que forman parte de la propia madre y es, aproximadamente,  a partir de ese momento donde cogen conciencia de su propia existencia como seres autónomos.  Durante los siguientes años se va constituyendo su personalidad (y aflorando el ego) hasta que, alrededor de los nueve años, quedan claros cuáles son los rasgos fundamentales de su  carácter. Con este proceso queda constituida una especie de personaje que nos acompañará el resto de nuestros días.   Nuestro comportamiento actual tiene mucho que ver con la fachada que forjamos a esa temprana edad, y que, en demasiadas ocasiones, confundimos con lo que realmente somos. De hecho, es curioso que, si nos observamos un poco, veremos cómo nos vamos comportando de muy diferentes maneras en función del escenario que nos toque ocupar y de con quién nos estemos relacionando.  De igual manera que el niño creó su personaje para conseguir el amor y cariño de quienes le rodeaban, nosotros, ahora ya  adultos, seguimos continuando la actuación con ese mismo disfraz que nos “protege” del mundo y con el cual intentamos sobrevivir.   También puede ser que, aunque sólo sea en momentos determinados, seamos capaces

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