Haiki
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#MINIENTREVISTA CON MÓNICA ANGULO.

Volvemos a la carga con nuestra sección de minientrevistas a amig@s del SAT.

Como sabemos que también a vosotr@s os encantan estos post, tenemos varias minientrevistas saliendo del horno; así que, preparamos para disfrutar de lo lindo.

¡Ahí vamos!

1_  ¿Qué es para ti la auténtica felicidad?

La auténtica felicidad es vivir la vida livianamente, sentirme tranquila, en paz conmigo misma y con el mundo.

Eso pasa por reírme de mí misma, por bajarle el volumen a mi exigencia, a mi jueza interna (que a ratitos se pone tirana), cuando consigo traspasar malos momentos sin quedarme ahí atrapada y me doy cuenta que luego viene otra cosa.  Cuando acepto que la vida es cambio y consigo no apegarme. cuando paso lindos ratos con mi peque, jugando, charlando, compartiendo…cuando me emociono al comprobar las auténticas amistades que, ahora, sí tengo y tanto me llenan, y cuando miro a mis padres y siento el amor y el agradecimiento que siento.

 

En mi caso, felicidad es trabajar por fin en algo que me apasiona, que siento mi vocación tras años de angustia por no saber hacia dónde dirigirme profesionalmente…poder descansar en mí misma, auto sostenerme, en soledad y con menos miedo, incluso pudiendo disfrutar de mi estando sola…y quizás, en definitiva, cuando consigo vivir la vida aceptando lo que me trae. Cada vez me doy más cuenta que la vida me hace llegar lo que necesito, aunque a veces me cueste verlo en el momento.

 

2_  ¿Cómo ha sido tu camino de crecimiento personal? ¿Cuáles han sido las herramientas que más te han servido y por qué?

Mi camino ha sido dulce y amargo, a ratos verdaderamente amargo. Aunque, a día de hoy, sólo puedo sentir agradecimiento: a mí misma por la valentía y entrega en mi proceso y, por supuesto, a todas las personas que han estado o están en mi vida o que, simplemente, hemos coincido en algún momento, porque cada una de ellas me ha enseñado algo.

 

Empecé terapia porque no encontraba mi lugar dentro de mi sistema familiar. Crecí con la herida de sentirme menos querida que mis hermanos. Siempre había responsabilizado a mis padres de eso… llegando a creer que algo malo, muy malo debía haber en mí para que eso pasara. Eso y el hecho de verme excluida sin motivo alguno por un par de grupos de amigas en el colegio, me marcaron profundamente, enquistando un dolor traumático.

Todo ese dolor me impidió relacionarme con el otro de igual a igual.  Recuerdo perfectamente el momento y el lugar en el que decidí que ese dolor que sentía nunca más volvería a aparecer…aprendí a ponerme por encima del otro como una forma de ocultar lo poco que yo me sentía y para defenderme de que el mundo pudiera hacerme daño. Era más fácil construirme una imagen de dureza, de intransigencia, de infundir respeto, de prepotencia, que correr el riesgo de entregarme al otro, de mostrarme, puesto que tenía mucho miedo de que alguien pudiera volver a dañarme. Es como que me hice la promesa de que nunca más  volvería a sentir tanto dolor, muy probablemente porque no podría resistirlo. La contraparte fue irme aislando, creerme que no necesitaba de nada ni de nadie, que yo podía ser autosuficiente. Esa actitud soberbia también alejaba a las personas de mi lado, lo cual hizo que creciera sintiéndome muy sola…y esa ha sido mi herida más profunda: la soledad. Y  ya de adulta, un pánico profundo a revivirla.

 

Con el tiempo y gracias a las constelaciones familiares, descubrí que soy gemela solitaria de un niño (se llama Marc). Eso ha dado mucha luz a mi proceso, porque me ha permitido comprenderme mejor, a muchos de mis comportamientos y actitudes, mis necesidades y deseos neuróticos, a algunos de mis miedos: al abandono, a la soledad, a la muerte, mi dependencia, mi querer ser especial para el otro, como si de una fusión se tratara, la más querida, ¡la única!

En primero de Gestalt conocí el eneagrama, una herramienta que me ha permitido reconocerme en ella y en los otros…no sólo la herramienta como tal, sino todo lo vivido en los SAT junto a mis compañeros de camino. Ha sido un camino a ratos bello, duro, infernal, dulce, doloroso….y siempre amoroso.

 

El golpe más duro llegó hace 3 años cuando mi pareja y padre de mi hijo me pidió la separación. Fue tras regresar del SAT 2 (el sat de figuras parentales). Y menciono lo del SAT porque si ya terminé ese SAT sintiéndome más cercana a mis padres, esa vivencia traumática a mi regreso, comportó escenas reparadoras con ellos, dándome cuenta que soy una hija muy amada y que me siento tremendamente agradecida y afortunada por tener los padres que tengo.

Creo que fue un cierre completo a ese SAT de padres. Pude sentir ese apoyo incondicional en tan duros momentos. Ahí aprendí a pedir, a dejarme ayudar, a dejarme caer y  sostener. Siento que me he fortalecido al atravesar todo ese dolor, sin escaparme, algo que me es tan fácil de hacer. Éste ha sido el quiebre más significativo en mi vida y como tal, a la vez, ha supuesto un profundo renacer porque me ha llevado a reencontrarme conmigo misma.

Como pareja habíamos llegado a un punto muerto, convirtiéndonos en los mejores compañeros de piso, pero mi dependencia, mi dificultad para sostenerme en soledad, para transitar el dolor y la tristeza impidieron que me colocara desde la adulta y tomara esa decisión mucho antes. Así que, con el tiempo, he agradecido a mi expareja la decisión que tomó. Porque me ha permitido toparme de bruces con lo que había estado postergando y evitando toda mi vida: encontrarme conmigo misma, responsabilizarme del todo de mi vida, conectar con mi niña y empezar a quererme.

 

Y este mismo verano, he decidido implosionar mi herida más profunda: marcharme sola de viaje. Y así lo he hecho, 18 días a Asia. Hace tan solo un año, esto mismo era impensable. Este viaje no ha durado esos 18 días, sino más bien meses, prácticamente desde el momento en el que decidí comprar el billete. Aparecieron todos los miedos inimaginables que he ido trabajando y afrontando, hasta que llegó el momento de la verdad. Ha sido una experiencia maravillosa ¡ya sólo por el hecho de haberla traspasado! Ha sido un “viaje del héroe”, en el que me he dado cuenta de cuánto anticipo, de cómo me cuesta vivir en el presente, de cuántos miedos tiene mi niña, de cómo soy capaz de sostenerme en soledad, de cómo me espabilo, de cómo me cuido, de mi intuición, de cuánto apoyo tengo entre familia y amigos, ¡de la mujer que soy!… que no estoy sola y de que ¡sola puedo! que no hay mejor compañía que la de una misma. He vuelto fortalecida, empoderada y con ganas de repetir la experiencia.

 

Para mi carácter rígido, con años de desconexión del cuerpo, una herramienta que me está beneficiando es el trabajo corporal (TCI). Para mí, va más allá de lo que la mente puede abarcar haciendo terapia cognitiva. Si de algo me he dado cuenta en mi proceso es de mi dificultad en verme, en cuántas cosas me he ido contando, de cuánto auto engaño por no querer ver. Trabajando el cuerpo eso me ha resultado imposible. Mi cuerpo tiene todo registrado, incluso ¡aquello que mi mente ni recuerda! desbloquear mi cuerpo está siendo un verdadero regalo que contribuye a vivir con esa ligereza y serenidad que explicaba al comienzo. Creo firmemente que, en algún momento, profundizar en el trabajo con el cuerpo es necesario  para poder sanar todo lo que en él habita.

 

Al fin y al cabo, todos estos recursos me han permitido reconectar conmigo misma y con mi niña, amarla, aceptarla y cuidarla como a nadie. Ese es el amor más incondicional y verdadero que siento: hacia ella y hacia mi hijo.

 

3_ Si nos centramos en el eneagrama, ¿cuál dirías que es su mayor potencial? Te animarías a contarnos en qué eneatipo te sitúas y qué es lo que más te identifica con él.

Me sitúo en el 2 social, conservación. El mayor potencial del eneagrama ha sido reconocerme en muchas de las características de diversos eneatipos, hasta sentirme “como en casa” en el mío. El verdadero trabajo con el eneagrama ha sido descubrirme en él para poder desidentificarme. Creo que mi error, durante mucho tiempo, fue identificarme demasiado con todo lo relativo al 2 y, de alguna manera, lo que hacía era perpetrarme aún más en esa forma de enmascarar el ego.

 

Lo que más me identifica con este carácter es el orgullo, por encima de todo, la dificultad en pedir ayuda. También la ambición en lo profesional, la autoexigencia, el querer rozar siempre la perfección en todo (la madre perfecta, la amiga perfecta, la amante perfecta, la pareja perfecta…), el creer que no me pueden querer por ser sino que tengo que hacer y mucho para que el otro me quiera. Sentir que sólo existo si tengo la mirada del otro, la autosuficiencia, ese “yo puedo con todo”, ese querer salvar al otro, en estar siempre alegre, positiva precisamente para huir de la tristeza y del dolor. Me identifico también en la intensidad (para lo bueno y para lo malo), en la impaciencia, en la dificultad para sostener la incertidumbre, el control…

 

Esta es la hermosura del eneagrama y del SAT: el verte, el reconocerte junto a otros compañeros de camino. Para mí, ha sido un regalo haberme encontrado con todas estas herramientas; así que, sólo puedo recomendar el trabajo personal para entrar en lo más profundo de cada uno, (re)conocerse, habitarse y así conectarse con la vida.

 

Más sobre nuestra protagonista: Terapeuta Gestalt, Coach y Consultora de Organizaciones. Licenciada en Derecho, ejercí varios años como Abogado hasta que me desvinculé del mundo jurídico tras realizar el Máster en Dirección y Gestión de Recursos Humanos. Estuve cerca de 10 años en departamentos de RH en empresas finales, en el Área de Desarrollo de Personas, hasta que encontré mi vocación como Terapeuta.

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Autores del post: Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó (Haiki)

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* Sobre Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó (Haiki):

Desde hace más de cinco años, nos dedicamos a ayudar a otros compañeros a tener una buena Identidad Digital, aumentar su visibilidad online y, en consecuencia, tener más oportunidades laborales. En el 2009 desembarcamos en la red y, desde entonces, no hemos dejado de formarnos y disfrutar de este maravilloso mundo.

Aunque de profesión original somos arquitectos, nuestro día a día se sustenta en tres pilares: la propia arquitectura, la Identidad Digital  (talleres offline + cursos online) y nuestro “mundo Haiki” (Gestalt, Sat, yoga, crianza consciente, artes marciales…).

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